Brechas de género: mucho por hacer

Lo dicen claro los organismos internacionales. Y las cifras son elocuentes: faltan más de 200 años para que se cierre la brecha económica entre varones y mujeres en el mundo. Basta mirar los informes para abrir grandes los ojos, y seguir pensando.

Por María José Sucarrat *

Lo dicen claro los organismos internacionales. Y las cifras son elocuentes: faltan más de 200 años para que se cierre la brecha económica entre varones y mujeres en el mundo. Basta mirar los informes para abrir grandes los ojos, y seguir pensando.

Las desigualdades entre los géneros son, esencialmente, producto de sistemas culturales y normas sociales dominantes, a los que se suman otros factores de índole política o económica. Además, estas desigualdades, manifestadas en forma de brechas de género, persisten en todo el mundo y en todas las esferas de la sociedad.

El último Informe Global de la Brecha de Género (Foro Económico Mundial, 2017) refleja que, al ritmo actual en el mundo, la brecha general de género (que incluye índices de 4 dimensiones: salud, educación, participación económica y política) tardaría 100 años en cerrarse, en contraste con los 83 años que se había reportado en la edición anterior.

Observando más en detalle, se pueden ver dos de las dimensiones en contraste: la brecha de educación podría cerrarse en 13 años, y la de participación económica en 217 años, siendo ésta la que presenta los mayores desafíos dada su continuada profundización desde 2013.

La igualdad de género es una obligación del derecho internacional para todas las naciones, como lo estipulan la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Parte de estas desigualdades surgen de la desvalorización social y económica de las mujeres y del trabajo que ellas realizan, invisibilizando sus aportes tanto en el ámbito doméstico-reproductivo como en el productivo. Esta desvalorización no condice con la importancia real que tiene su trabajo para el sostenimiento de los hogares y para la sociedad en general, ya que contribuyen intrínsecamente al sistema socioeconómico.

La brecha general de género demuestra esta desvalorización y los obstáculos sistémicos por los que atraviesan mujeres y niñas para poder ejercer los derechos fundamentales, asumir mayores responsabilidades, disfrutar de múltiples oportunidades en condiciones de igualdad y vivir libres de todas las formas de discriminación.

El último Informe Global de la Brecha de Género (Foro Económico Mundial, 2017) refleja que, al ritmo actual en el mundo, la brecha general de género tardaría 100 años en cerrarse.

Es central recordar que la igualdad de género y la no discriminación por razón de género es una obligación del derecho internacional para todas las naciones, como lo estipulan la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos, y se asumen como un principio inspirador del resto de los derechos fundamentales.

Existen tratados y órganos internacionales dedicados específicamente a la consecución de los derechos de las mujeres, en particular la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). Considerada como la carta internacional de derechos de las mujeres, define la discriminación contra la mujer, establece un programa de acción y designa un comité encargado de su supervisión.

Posteriormente, con la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, generadas en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995, se confirma y apoya el principio fundamental de que los derechos humanos de las mujeres y las niñas son parte inalienable, integral e indivisible de los Derechos Humanos universales. Asimismo, establecen que la igualdad entre géneros también constituye una condición para el logro de la justicia social y un requisito fundamental para la paz y el desarrollo sostenible.

La brecha de educación podría cerrarse en 13 años, y la de participación económica en 217 años, siendo ésta la que presenta los mayores desafíos.

Por otro lado, más allá de los dispositivos legales, existen otro tipo de iniciativas y de compromisos políticos en favor de las reducciones de las desigualdades y del empoderamiento de las mujeres.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Naciones Unidas proponen una agenda de trabajo integral y exhaustiva que abarca 17 objetivos, entre los cuales, el 5 busca lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.

Dedicado a alcanzar la equidad de género en el mundo, el objetivo define un total de nueve metas para el año 2030, entre las que se destacan el fin de todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres y niñas, el aseguramiento de la participación plena y efectiva de las mujeres, y la igualdad de oportunidades de liderazgo en todos los niveles decisorios de los ámbitos político, económico y público.

El último Informe Global de la Brecha de Género (Foro Económico Mundial, 2017) refleja que, al ritmo actual en el mundo, la brecha general de género tardaría 100 años en cerrarse.

En esta línea, es importante enfatizar que, para la consecución estos objetivos, se interpela no solo a los Estados, sino también al ámbito empresario. Iniciativas como las de la ONU surgen para compensar el impacto que tienen, entre otros temas, las desigualdades y brechas de género en el desarrollo humano y el crecimiento sostenible de cualquier país.

Alineado a esto, se puede mencionar que distintas investigaciones señalan los beneficios económicos a nivel nacional que trae aparejados una creciente participación femenina en la fuerza laboral. Por ejemplo, en un estudio sobre la relación entre el crecimiento económico y la igualdad de género del Instituto de Estudios del Desarrollo de la Universidad de Sussex (OIT, 2015), es la inversión en la educación y el empleo de la mujer lo que contribuye al crecimiento económico de las naciones, y no a la inversa.

En este sentido, un reciente estudio de la OIT publicado en 2017 da cuenta de que reducir en 25 puntos porcentuales las brechas entre las tasas de actividad de varones y mujeres para el año 2025 aportaría a la economía global un crecimiento del PBI mundial de USD 5.8 millones de millones y la generación de 189 millones de puestos de trabajo, particularmente en países emergentes.

Sobre la base de una investigación realizada por McKinsey Global Institute, publicada en 2015, en un escenario sin brechas de género en el mercado de trabajo, en el que las mujeres tienen una participación idéntica a la de los varones (en tasas de participación, horas de trabajo y presencia en los sectores de actividad), para 2025 se sumarían hasta USD 28 millones de millones al PBI anual mundial, lo que equivaldría aproximadamente al conjunto de las economías de Estados Unidos y China.

Como muestran estos estudios, la equidad de género supone una serie de beneficios para el desarrollo de los países y las sociedades en general. Pero, a pesar de ello, las desigualdades de género y la desvalorización de los aportes de las mujeres continúan arraigadas en las estructuras sociales, económicas y políticas. Aunque hoy en día los derechos humanos de las mujeres y las niñas son mejor comprendidos y defendidos, aún es necesario que se vuelvan una realidad.

* María José Sucarrat es Directora Ejecutiva de la R.E.D. de empresas por la diversidad, y Directora Académica del Programa de Responsabilidad Social, Inclusión y Sostenibilidad​ de la Universidad Di Tella. Este artículo forma parte de la primera Guía de Género para Empresas- Hacia la paridad, dirigida por María José Sucarrat.

 


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