"Las mujeres lo percibíamos: ya no hay vuelta atrás"

Andrea Gualde está liderando un cambio cultural en el mundo de las grandes empresas. Después de largos años en la función pública, hoy es directiva en Farmacity, donde están trabajando con políticas de inclusión, igualdad y ayuda a mujeres víctimas de violencia de género. Habló con Queridas sobre qué es ser una compañía con perspectiva de género, cómo es la licencia por violencia y cuál fue su historia como mujer líder en espacios bajo la hegemonía de los varones.

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Por Micaela Kamien

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Andrea Gualde está liderando un cambio cultural en el mundo de las grandes empresas. Después de largos años en la función pública, hoy es directiva en Farmacity, donde están trabajando con políticas de inclusión, igualdad y ayuda a mujeres víctimas de violencia de género. Habló con Queridas sobre qué es ser una compañía con perspectiva de género, cómo es la licencia por violencia y cuál fue su historia como mujer líder en espacios bajo la hegemonía de los varones.

“Nací en un hogar donde, desde muy chica, me enseñaron cuáles eran mis derechos. Eso tenemos que saberlo bien las mujeres: nuestros derechos son derechos humanos. Y un derecho implica que es exigible, que lo tenemos, que no nos los da nadie”, dice claramente Andrea Gualde, Directora de Asuntos Jurídicos e Institucionales en Farmacity. Con su equipo, puso manos a la obra en la compleja trama de la violencia de género. Es directiva en una compañía con más de 6.500 empleados, mujeres en su mayoría, y –como espejo de la sociedad– muchas de ellas son víctimas de violencia y necesitan cuidar su espacio de trabajo.

Andrea Gualde viene del ámbito público, donde fue Directora de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia de la Nación, entre otras funciones, fue Presidenta de la Comisión de Memoria de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto, es abogada egresada de la UBA, Visiting Scholar en la Universidad de Yale, tiene un master en Derecho Administrativo, es Asesora Especial para Latinoamérica en The Auschwitz Institute y docente en distintas universidades.

“Nací en un hogar donde, desde muy chica, me enseñaron cuáles eran mis derechos. Eso tenemos que saberlo bien las mujeres: nuestros derechos son derechos humanos. Y un derecho implica que es exigible, que lo tenemos, que no nos los da nadie”

Hoy es parte del Directorio que lidera un gran cambio cultural dentro de una compañía con presencia en quince provincias de la Argentina, y considera que el movimiento de mujeres vino para quedarse. “Este magma existía. Las mujeres lo sabíamos, lo percibíamos. Hay momentos sociales donde esto emerge. Y una vez que sale, no vuelve totalmente adonde estaba. Puede haber retrocesos, pero cuando algo se instala, se instaló”.

Este año, Farmacity empezó a implementar una licencia por violencia de género. ¿Qué significa? Que todas las empleadas en situación de violencia disponen de los días necesarios para abordar su situación, y a la vez se las acompaña y asiste internamente.

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Además, firmó un convenio de cooperación con el Instituto Nacional de las Mujeres (INAM), por el cual Farmacity se propuso ser una compañía con perspectiva de género. Desde marzo está difundiendo la Línea 144 de ayuda y contención a mujeres víctimas de violencia de género, en sus más de 300 locales en distintos puntos del país.

Queridas habló con Andrea Gualde sobre qué significa ser una empresa con perspectiva de género, cuáles son las políticas que puede llevar adelante el sector privado para combatir la violencia de género, los sesgos y cómo fomentar la igualdad dentro del mundo del trabajo. También sobre su propia historia como mujer, que logró ocupar roles de liderazgo tanto en el sector público como en el privado, allí donde la hegemonía aún es fuertemente masculina.

 

¿Cómo se originó en Farmacity el trabajo en relación a la violencia de género?

Todo empezó hace aproximadamente cinco años, en el contexto de un cambio cultural que se estaba dando en la compañía, a través de un programa de voluntariado que se llama Manos a la Obra y por el cual acompañamos a entidades de bien público. En mi equipo empezamos a pensar en alguna problemática que fuera socialmente importante, y decidimos trabajar el tema de violencia de género. Empezamos a investigar la problemática, nos acercamos a la Casa del Encuentro, en ese entonces presidida por Fabiana Túñez, hoy Directora Ejecutiva del INAM. Armamos ahí la juegoteca, un espacio para que los hijos e hijas de las mujeres que se acercan a pedir ayuda tengan un lugar contenedor, no traumático, mientras esperan a sus mamás. Ese fue el comienzo de nuestro trabajo con la problemática de la violencia de género. 

“La licencia por violencia de género otorga a las colaboradoras en situación de violencia hasta 10 días hábiles, continuos o discontinuos, para abordar su situación y puede ser renovada. Además, permite que cuenten con el apoyo necesario por parte de la compañía”.

¿Y cómo surgió el trabajo sobre violencia de género puertas adentro de la compañía?

A partir del vínculo con la Casa del Encuentro, junto con el área de Capital Humano empezamos a pensar cómo sensibilizar y acompañar hacia adentro. Comenzamos a trabajar en capacitaciones. La Casa del Encuentro, a cargo de Ada Rico, y un formidable equipo de voluntarias empezó a brindar talleres en nuestras oficinas a todos los colaboradores de la compañía. Esto fue creciendo, con mucha convicción, acompañado de otras políticas con respecto a inclusión. Y fue madurando hasta el momento en que firmamos el convenio con el Instituto Nacional de las Mujeres (INAM), que es un convenio marco de cooperación, en el que quedaron asentadas dos cuestiones: el protocolo para atender los temas de violencia de género y el otorgamiento de la licencia y, por otro lado, una campaña masiva de sensibilización con la línea 144 en todas nuestras tiendas, y una difusión interna muy fuerte porque  consideramos que todas las acciones que realizamos deben tener un correlato interno y que, antes de lanzar una iniciativa, nos parece fundamental sensibilizar a todos nuestros colaboradores para que comprendan y se interioricen sobre la problemática que nos proponemos abordar y atender.

 

¿Ya están trabajando con casos concretos de mujeres que sufren violencia de género?

Antes de firmar el convenio, ya habíamos detectado casos que fueron derivados a la Casa del Encuentro y a entidades especializadas. Los casos se empezaron a detectar y a trabajar porque hubo una disposición a escuchar y comprender. Las personas hablan cuando saben que del otro lado las escuchan.

 

¿En qué consiste la licencia por violencia de género?

La licencia por violencia de género otorga a las colaboradoras en situación de violencia hasta 10 días hábiles, continuos o discontinuos, para abordar su situación y puede ser renovada. Además, permite que cuenten con el apoyo y el respaldo necesario por parte de la compañía, garantizando el cuidado y la continuidad de su fuente de trabajo. Nosotros no planteamos que nadie haga una denuncia ni que presente ninguna certificación de los trámites para poder otorgar la licencia. Es un espacio para que la mujer lo utilice para lo que necesite: un trámite, un momento de contención terapéutica, juntar fuerzas para tomar la decisión de abandonar al violento. Esto significa que tuvimos que capacitarnos y que tenemos que seguir capacitándonos, primero, para entender cómo funciona la violencia de género; segundo, para entender de qué manera ayudar, desde qué lugar hablar, cuál es el rol de la compañía, hasta dónde intervenir, y no por una cuestión de indiferencia sino para no invadir y para que nuestra intervención sea útil y no contraproducente. En cada grupo de capacitación aprendemos cómo funciona el circuito de la violencia, que va de esa tensión contenida, el episodio de violencia, la luna de miel, esos espirales que se van dando cada vez más cortos. Es importante entender qué de esa fase la colaboradora puede estar atravesando, comprender esos signos que empezamos a ver para actuar de la mejor manera.

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¿Cuáles son esos signos de violencia?

Si la mujer está más distraída, más atemorizada, si está pendiente del celular, si está pendiente de si el marido la viene a buscar y sale corriendo, si no se queda tomando un café con los compañeros de trabajo o si deja de ir a un after con los demás y antes sí lo hacía, si estos cambios se vuelven sistemáticos, si cambió conductas. Esta primera observación es importante para generar el espacio de escucha necesario. La colaboradora debe saber que no la juzgamos, que la intención es acompañarla y orientarla.

“Una empresa con perspectiva de género es aquella que tiene en cuenta los derechos de las mujeres, trabaja para la equidad, la compatibilización de la vida familiar y personal, y tiene políticas para permitir su desarrollo  profesional. Tiene consciencia de que las mujeres arrancamos históricamente desde atrás”.

¿A quiénes dirigen estas capacitaciones sobre violencia de género?

A todo el personal. Y son obligatorias. Se empezó por los gerentes, los que tienen más responsabilidades de equipos de trabajo a cargo. También nos interesa entender cuáles son los paradigmas, cómo funciona una sociedad patriarcal, cuáles son los estereotipos de género, cuáles son los mitos sobre la violencia de género. Un espacio de trabajo también ofrece esa posibilidad de empezar a mover algunos esquemas de mitos y estereotipos que al final del día consolidan un lugar de la mujer que, en última instancia, puede terminar muy mal. 

 

¿Cuánto dependen estas acciones de que una mujer en un cargo directivo haya decidido andar por este camino?

Antes fui funcionaria pública y no puedo evitar hacer un paralelo con lo que implica la definición de una política de Estado. Cuando una empresa toma un tema y lo incorpora dentro de sus políticas y de su identidad como compañía, y empieza a caminar en ese tránsito con todos los que la integran, con las capacitaciones, ya no depende de las personas. Puede cambiar alguien en el management, pero eso ya forma parte de lo que es la definición de una compañía. Y si una compañía como Farmacity decidió en un momento empezar un cambio cultural, con un modelo de liderazgo diferente, en donde las personas son el centro y donde nos proponemos ser una compañía con perspectiva de género, que no es neutral con respecto a la violencia, ese es un camino más difícil de desandar.

 

¿Qué es ser una empresa con perspectiva de género?

Farmacity inició ese camino; somos conscientes de que todavía hay mucho por recorrer. Una empresa con perspectiva de género es aquella que tiene en cuenta los derechos de las mujeres, trabaja para la equidad, la compatibilización de la vida familiar y personal, y tiene políticas para permitir su desarrollo  profesional. Es una compañía que tiene consciencia de que las mujeres arrancamos históricamente desde atrás. Es una empresa con políticas concretas de recruiting y promoción; hoy en día el mercado toma distintas herramientas como currículums ciegos, ternas donde necesariamente tenga que haber mujeres antes de cerrar una posición de liderazgo, esquemas de retribución donde la posición se objetiva en función de la descripción del puesto y no en función de quien lo ocupa. Pero fundamentalmente para que todo esto ocurra, una empresa con perspectiva de género es aquella cuya cultura no tolera comportamientos y prácticas de discriminación, exclusión o preservación de estereotipos. Es una empresa que vive una cultura que no consiente bromas, comentarios que perpetúen discriminaciones y que está atenta a garantizar la equidad en el día a día en el manejo de equipos. Es clave que el management esté comprometido con la causa, si no hay compromiso de los altos mandos es difícil o casi imposible que esto cascadee hacia abajo. En Farmacity se hizo una bajada formal y fue fundamental el apoyo que recibimos del presidente de la compañía y los accionistas para que esta declaración de compromiso sea parte o esté enmarcada dentro del cambio cultural que empezamos a transitar hace varios años. La perspectiva de género, como cualquier tema que esté relacionado con derechos, se VIVE, no se declama ni se hace un aviso publicitario. Es un camino, no se hace de un día para el otro con aciertos y errores, pero es el camino que queremos transitar.

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Andrea Gualde con Fabiana Túñez (INAM) durante la firma del convenio de cooperación, por el cual Farmacity se propuso ser una compañía con perspectiva de género.

 

¿Cuál es la representatividad de las mujeres dentro de Farmacity?

En el directorio 30% son mujeres. Teniendo en cuenta nuestra población total, un porcentaje muy significativo de mujeres ocupan cargos en Farmacity, llegando a superar a los hombres en varias de estas posiciones: el 71% de nuestros farmacéuticos son mujeres, Gerente de Local (45%), Líder de Equipo (66%).

“Mi mirada de los movimientos sociales es optimista. Siempre van hacia adelante, aunque en algún momento la coyuntura haga que retrocedan. Este magma existía. Hay momentos sociales donde esto emerge. Una vez que sale no vuelve totalmente adonde estaba”.

¿Cuál fue tu experiencia como mujer, que lograste ocupar cargos importantes tanto en el ámbito público como privado?

En primer lugar, tuve la suerte de nacer en un hogar donde me hicieron muy consciente de mis derechos. Es un buen puntapié. Mi madre venía de una familia muy politizada. Desde niña, yo tenía en mi cuarto un corcho con poesías de María Elena Walsh, historietas de Mafalda y el decálogo de los Derechos del Niño, pegado por mi madre. Mi padre era un liberal clásico, casi del siglo XIX, laico y profundamente creyente a la vez en la libertad del individuo. Creo que fue esa educación recibida en mi casa lo que me permitió que desde chica me sintiera habilitada a abrirme camino.

 

Como cualquier varón.

Exactamente. Porque sentía que era algo a lo que tenía derecho.

 

No arrancaste “desde atrás”.

No, porque tomé las vitaminas correctas en mi casa para arrancar bien. No fue así en la universidad. La facultad de derecho está llena de mujeres. Ahora, ¿qué pasa después con esas mujeres en el mercado de trabajo? Es otra historia. En ese entonces, las mujeres terminaban trabajando en un estudio jurídico, pero ni soñando ser socias, o si trabajaban en Tribunales, ni soñando ser juezas. ¿Cuántas mujeres hay en el poder judicial? Un porcentaje altísimo. ¿Cuántas mujeres son juezas? Muchas menos. ¿Cuántas mujeres son juezas de tribunales superiores? Muy pocas. En la facultad de derecho había una suerte de prejuicios no declarados. Que las mujeres abogadas tenían que ejercer en determinados ámbitos del derecho: familia, los niños. El mundo corporativo, no. El mundo de la política, no. Yo me decidí por el ámbito público. Mi especialización fue en lo que se llama el derecho público: constitucional, internacional, administrativo, que es todo el derecho del poder. Era lo que me gustaba. Y empecé una carrera en el sector público donde los subsecretarios, los secretarios de Estado y ministros eran todos hombres; las mujeres eran asesoras de menor rango, con muy poca representatividad, o secretarias, dactilógrafas y empleadas administrativas en general. La valoración del rol de la mujer y de sus opiniones en el ámbito público sufrió una enorme evolución a lo largo de estos casi 20 años, aunque aún falta bastante.

“El quiebre en general es la maternidad. Lo que puede hacer el sector privado y el público es acompañar con políticas para que la mujer no quede atrás en el momento en que decide ser madre”.

¿Cómo pudiste moverte en esos ámbitos para encontrar un lugar de liderazgo?

A las mujeres se nos exige más que a los hombres. Y yo me exigí más. Hubo una sobre exigencia, que hoy me acompaña. Los paradigmas se van corriendo, el movimiento de las mujeres fue ocupando un espacio. Los movimientos sociales llevan muchísimos años. Desde que EEUU termina la Guerra de Secesión a un presidente afroamericano, pasaron casi 200 años. Las mujeres empezaron a pelear por una cuestión básica laboral hace 100 años, que es el famoso incendio de la fábrica en Nueva York, y de ahí para acá pasó de todo. Las mujeres pasaron a sostener sus hogares cuando los hombres tenían que ir a la guerra, pasaron por el cambio de paradigma de los años sesenta. Hubo avances y retrocesos. Las mujeres sostenían, por un lado, sus hogares y, por el otro, se esperaba que cumplieran con el mandato que decía que tenían que estar esperando a sus maridos vestidas impecables para escuchar lo que él les venía a contar de su oficina, que, por supuesto, era mucho más importante que lo que les había pasado a ellas, porque el mundo de ellas era el doméstico y el mundo de los varones era el Mundo, con mayúscula. En los últimos tiempos se fue acelerando la visibilidad de los problemas de discriminación hacia la mujer. En la Argentina, desde la sanción de la ley de lucha contra la violencia de género en todos los ámbitos, que no es una ley cosmética, sino que aborda a la violencia de forma bien integral, se fue instalando una importante capacidad de discusión de estos temas. 

 

¿El actual movimiento de mujeres en la Argentina llegó para quedarse?

Mi mirada de los movimientos sociales es optimista. Siempre van hacia adelante, aunque en algún momento la coyuntura haga que retrocedan. Este magma existía. Hay momentos sociales donde esto emerge. Una vez que sale no vuelve totalmente adonde estaba. La política es eso. Va y viene. Pero cuando algo se instala, se instaló. Un ejemplo: en alguna época de la humanidad, el castigo corporal estaba legalizado como forma de obtener la verdad. En la Edad Media había fastos punitivos donde se juntaba la gente en una plaza para ver cómo se torturaba a una persona. Hoy, si ocurre es en la clandestinidad, en la oscuridad, y todos sabemos que es un crimen. Si bien es un ejemplo extremo, explica cómo las sociedades van evolucionando, los contratos sociales van definiendo que hay políticas sobre las que no se vuelve atrás, actos que definimos en la sociedad como crímenes, como conductas socialmente reprochables e intolerables. En eso, el movimiento de mujeres ha ganado muchísimo. 

 

Según estudios internacionales, la brecha económica de género podría desaparecer recién en unos 200 años. ¿Por qué creés que el terreno del dinero y el trabajo es el de mayor desigualdad entre varones y mujeres?

Estas correcciones llevan mucho tiempo, y también creo que en este proceso de concientización las mujeres tenemos que aprender a reclamar nuestros derechos también de lo económico.

 

El mundo del trabajo y el dinero es un pilar para la igualdad.

Absolutamente. Porque lo que te da el dinero es la autonomía. Esto viene de la etapa de las cavernas, del hombre proveedor, y proveer implica poner condiciones.

 

¿Dónde aparece más nítidamente la desigualdad en el mundo del trabajo?

El quiebre en general es la maternidad. Lo que puede hacer el sector privado y el público es acompañar con políticas para que la mujer no quede atrás en el momento en que decide ser madre. El sector público tiene un deber ineludible que es pensar políticas públicas. El sector privado tiene una responsabilidad con la sociedad. Uno tiene que ver el camino de los derechos como el caminante tiene que ver la línea del horizonte, que avanza y la línea se va corriendo. No nos tenemos que quedar con lo que hicimos, tenemos que seguir profundizando y seguir concientizando. Es el único camino. Es vivir en la experiencia. Es pensarlo, es decirlo, es hacerlo, es vivirlo.

 

 

 


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