“Trabajamos para que a las niñas les cueste menos”

Vanesa Gottifredi recibió el premio L’Oréal-UNESCO ‘Por las Mujeres en la Ciencia’, junto a Florencia Cayrol. Ambas se dedican a investigar tratamientos para curar el cáncer. QUERIDAS habló con las ganadoras sobre sus propias historias como mujeres científicas, los obstáculos en el camino de la ciencia para las mujeres, y cuáles son las esperanzas para las generaciones futuras.

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Vanesa Gottifredi recibió el premio L’Oréal-UNESCO ‘Por las Mujeres en la Ciencia’, junto a Florencia Cayrol. Ambas se dedican a investigar tratamientos para curar el cáncer. QUERIDAS habló con las ganadoras sobre sus propias historias como mujeres científicas, los obstáculos en el camino de la ciencia para las mujeres, y cuáles son las esperanzas para las generaciones futuras.

 

“El esfuerzo que estamos haciendo no es sólo para las mujeres, es para la sociedad, para que sea más sustentable, más pacífica, más justa, más sabia. Estamos buscando que las mujeres estén en la toma de decisión. Cuando hay diversidad en esa toma de decisión, el resultado es más sabio, es mejor”. Vanesa Gottifredi es científica, es apasionada y busca trascender en cada palabra. Acaba de ganar el Premio L’Oréal UNESCO ‘Por las Mujeres en la Ciencia’, otra forma de hacer que su vida trascienda. Eso le enseña a su hija de 10 años, que además de jugar con maquillajes, se divierte con la biología y con la historia.

En esta 13º edición, L’Oréal Argentina junto al CONICET entregaron estos galardones cuyo objetivo es premiar la excelencia científica y promover la participación de las mujeres en el ámbito de la ciencia. Además, se presentó el acuerdo que L´Oréal llevará adelante con CIPPEC para fortalecer el acceso y la participación en puestos de liderazgo de las mujeres en sectores de la economía asociados a la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

Con los premios recién aplaudidos, las dos ganadoras, Vanesa Gottifredi y Florencia Cayrol, hablaron con QUERIDAS sobre lo que significan estos galardones para sus carreras y para las mujeres en el mundo de la ciencia, sobre sus propias historias y cómo ven el futuro para las nuevas generaciones de niñas.

Vanesa estudió Química en la Universidad Nacional de Salta y un Doctorado en Biología Humana en Italia, donde vivió más de diez años. Un día quiso volver a la Argentina: “No me gustaba hacer el esfuerzo de ser extranjera cuando podía trabajar acá por nuestra ciencia. La ciencia es soberanía”.

 

¿Cómo te hiciste científica? ¿Qué te acercó al mundo de las ciencias, un mundo bajo clara hegemonía masculina?

Mi papá era químico y yo iba al laboratorio desde chiquita. Siempre le digo a mi hija: la ciencia te da la capacidad de tocar. ‘Si me lo explican me lo olvido; si lo hago lo entiendo y me queda’, es una frase que le repito una y otra vez. Siempre les digo a los chicos: lo que sea que les interese, pidan a los profesores que les muestren, que les permitan tocar; los docentes están ávidos por enseñar, trascienden por el éxito de los alumnos. Otra cuestión importante es que cada escollo tiene el tamaño de quien lo mira. Mis padres siempre me enseñaron la perseverancia y el esfuerzo. Si uno tiene empuje, vive mejor. Yo tengo un sueldo malo de un científico hoy en la Argentina y, sin embargo, ahora estoy contenta porque tengo este premio, este reconocimiento, y mi vida es mejor por mi esfuerzo. Estas cosas hacen que el ser humano trascienda.

 

¿Qué les dirías a las niñas, a quienes se les enseña que “la ciencia es cosa de varones”?

Que nosotras estamos trabajando para que a ellas les cueste menos. Sabemos de las dificultades que puede tener una mujer y estamos trabajando para que cuando ellas crezcan esas dificultades estén lo más alisadas posibles. Además les diría que si no eligen lo que quieren por miedo nunca van a ser la gran persona que podrían ser.

 

¿Qué acciones se podrían llevar a cabo para a las niñas se les muestren todas las opciones posibles, se les “dé permiso” para todo?

Educación. Es tarea de la escuela. Los docentes deben ser entrenados para esto. Y los juguetes: tenemos que luchar para que haya propuestas de juguetes de todo tipo, exponer todas las opciones y acompañar en la elección. Se pregunta por qué las chicas no estudian ingeniería, pero no se impulsa a las nenas a jugar, por ejemplo, con piezas de encastre y construcción.

 

¿Por qué es fundamental que haya más mujeres científicas, más mujeres en puestos de decisión en los distintos ámbitos?

Porque en la diversidad está el crecimiento. Lo importante es que la mujer le pueda dar prioridad a una carrera profesional, la que ella elija. Y que cuando el hijo se enferme, por ejemplo, la mujer también esté ‘autorizada’ a no querer irse del trabajo para verlo y que le pueda decir al marido que vaya él a cuidarlo. La sociedad tiene que entender que es hijo de dos personas.

 

Tenés una hija de diez años. ¿A qué juega la hija de una científica?

¡Juega con maquillajes! (Risas). Porque sus amigas juegan con maquillajes. Pero además está muy interesada en la biología y en la historia. Recuerdo algo que me generó mucha culpa: mi hija tenía 3 años y me dijo que iba a jugar a la mamá; se sentó, puso a un muñeco bebé a un costado, abrió la computadora de juguete, tocaba las teclas y cada tanto miraba a su bebé y le preguntaba ‘¿estás bien?’, miraba el teclado y miraba al bebé, al que le preguntaba a cada rato ‘¿estás bien?’. Iba y venía con su mirada de la computadora al bebé. Yo pensé ‘ay, qué horror’, y después me di cuenta de que jugaba a la mamá que yo soy, que le doy afecto y cariño. Y no siento culpa por trabajar.

 

¿Cómo reaccionó ante tu premio?

La superó el orgullo por su mamá. Sabe que es un premio que yo busqué mucho. Gané varios pero ella sabe que busqué mucho éste en especial, sabe que me quise poner la bandera de esta causa de las mujeres en la ciencia.

 

¿A quién se lo dedicarías?

A alguien que trabajó y creyó mucho en este premio, para que este impulso a las mujeres en la ciencia creciera en la Argentina: se llama Eleonora Kaplan, trabajaba en L’Oréal, y ya no está, murió el año pasado. Yo me presenté varias veces para ganar este premio, así la conocí; un día me dijo ‘cuando lo ganes avisame”. Me acordé de ella cuando lo gané. Y a ella se lo dedico.

 

Florencia Cayrol también estudió en la Argentina, en la Universidad de Quilmes; es Doctora en Biotecnología.

¿Esperabas ganar este premio?

Fue una sorpresa. Una siempre aspira a poder divulgar su trabajo y seguir desarrollándolo. Cuando estas investigaciones se conocen se puede avanzar más rápido.

 

Este año hubo récord de participantes. ¿Cuál creés que es la razón o las razones: la crisis económica, el prestigio del premio?

Ambas: la crisis y este Premio, que se fue haciendo cada vez más reconocido. El Premio Internacional L’oréal Unesco es de los premios internacionales más prestigiosos, no sólo porque constituye un apoyo económico a la ciencia sino que, fundamentalmente, divulga y reconoce el trabajo de las mujeres científicas, que estuvieron tanto tiempo escondidas. Hay una gran desigualdad que aún perdura, en especial en los puestos jerárquicos.

 

¿Qué te llevó a estudiar Biotecnología? ¿Quién te impulsó o te apoyó?

Mi mamá es pediatra y mi papá es obstetra. Siempre estuve vinculada al área de la salud. Además, siempre fui muy curiosa, con mucho interés por la biología y las ciencias naturales. Hubo una persona, cuando yo era adolescente, que fue un gran impulso para mi carrera como científica: un profesor de biología, Francisco Rinaudo, que era muy exigente y que nos presentó muchos temas que no estaban en el programa de estudio. Nos mostró lo que era la biología molecular y hacíamos muchos experimentos en el laboratorio del colegio. Lo convencional hubiera sido estudiar medicina, como mis padres, pero cuando descubrí la biología molecular, la genética, gracias a ese profesor, mi vida tomó otro rumbo. Por otro lado, mis padres siempre me inculcaron el estudio para progresar.

 

¿Qué les dirías a las niñas para que se atrevan a las carreras científicas?

Hay un concepto del científico como un nerd, muy estudioso, inteligente, encerrado, solitario. No es así: las personas científicas somos como todas las demás, tenemos nuestra vida social, familiar, salimos, nos divertimos. Lo único que hay que tener para ser científica es constancia y deseo: te tiene que gustar. Es fantástico poder dedicarte a algo que te apasiona. Además, es un trabajo que no es monótono. Es plantear hipótesis, investigar, descubrir.


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