#28M: cantar hasta que sea ley

Otra vez las calles de Buenos Aires y de 100 ciudades más de la Argentina se tiñeron de verde. Avenidas y plazas se llenaron de pibas con glitter que cantaron fuerte para que no haya más abortos clandestinos. El #28M se hizo día histórico. Las calles se metieron en el Congreso y demostraron que la marea verde no baja más. Crónica de otra jornada memorable.

Por Micaela Kamien
29 de mayo, 2019

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(Fotos: Laura Rivas)

Una vez más, la Argentina de tiñó de verde. Una vez más, salimos las mujeres a reclamar por el derecho a nuestra libertad: a que cada una decida sobre su propio cuerpo. El #28M, o 28 de mayo, se hizo también día histórico. Eso no se olvida. Queda impregnado en la piel. Y, así, deja de ser un día más. Pasa a ser día memorable, y algo más importante: nos potencia. Porque ya sabemos lo que significa salir a la calle, cantar y flamear los pañuelos verdes. Salir a la calle nos confirma y reconfirma que el camino es ése y que dejamos marca en el piso.

Fuimos construyendo esa potencia verde, en sintonía, en sororidad, marcha tras marcha. Ahora nos sabemos más fuertes. Nos escuchan, nos ven. El mundo nos mira. Legisladoras y legisladores también nos miran. Saben de nuestro amor verde, que es torbellino, que crece y que ya no tiene barrera que lo contenga.

 

 

Sólo basta con andar por los alrededores del Congreso un día como el de ayer para darse cuenta. No es comprender ni interpretar. Es darse cuenta.

El aluvión verde tiene la fuerza de un tornado porque está compuesto, en su mayoría, por pibas. Son ellas, las más jóvenes, las que se saben dueñas del futuro, las que arrastran lo verde hasta hacerlo estallar en euforia y en historia. Las marchas verdes son las marchas de las pibas. Son dueñas de Callao, de Rivadavia, son dueñas del Congreso y la democracia.

Llegan temprano, muchas directo del colegio, se sientan en la avenida que ya no tiene autos sino pibas, arman rondas, toman mate, comen churros. Churros de mayo. Mayo de libertad. El mes en que se conquistan derechos de independencia.

Todo es fiesta. El pavimento parece césped. Las caras de las pibas, rozagantes, frescas, brillantes de glitter y de alegría.

 

 

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Cantan en círculo, bailan, sonríen mientras entonan lo que ya saben de memoria, y hacen cantar a todas las que van caminando cerca. Se contagia el canto. Como sirenas con brillantina, protagonizan una película y dan vuelta la página de la historia: ahora son ellas las que marcan el paso.

En las marchas, en las grandes manifestaciones, se habla poco, las palabras sobran, los teléfonos tienen poca señal, todo es ruido popular, canto, bombo, carteles. Como en un boliche, nos comunicamos por canales distintos a lo de siempre. En las marchas verdes, nos hablamos con la mirada y con la sonrisa. Para pedir permiso, para mostrar sororidad, sólo nos miramos y sonreímos. Y entendemos todo. Son marchas de la sonrisa cómplice. Así nos comunicamos. Es como un saludo y un abrazo entre desconocidas para confirmar que jugamos el mismo partido y que somos muchas, cada vez más.

La sonrisa de la fiesta verde tiene una contracara: las mujeres que siguen muriendo por abortos clandestinos. Sonreímos y marchamos para dejar de llorar por una muerta más.

Unas horas antes, llegaba al Hospital Provincial de General Pacheco una mujer de 32 años, madre de tres hijos, muerta por aborto clandestino. Intentó interrumpir su embarazo como pudo, con miedo, sin recursos, atemorizada por el fantasma de la cárcel: murió por una infección grave al intentar abortar con lo que tenía a mano, en secreto, escondida. Otra muerta más por aborto clandestino, otros tres hermanitos sin su mamá.

 

 

Por eso salimos a teñir de verde las ciudades. Buenos Aires y 100 ciudades más de la Argentina pidieron otra vez interrupción legal del embarazo con un canto y una sonrisa, a la espera de que legisladoras y legisladores comprendan que no queremos ni una muerta más por abortos clandestinos. Como dijo la diputada Victoria Donda, en el recinto del Congreso, mientras afuera cantábamos y sonreíamos: “Clandestinidad o ley. Esa es la elección que tienen que hacer los candidatos y candidatas”.

Ayer, #28M, no había muro entre el Congreso y la calle: estábamos juntas. Decía Araceli Ferreyra, del Movimiento Evita, desde adentro: “La marea verde ya cambió la historia de este país”.

Decía también Mónica Menini, abogada salteña en representación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito: “Venimos a este Congreso a exigir un derecho que es una cuestión de salud, porque ponemos el cuerpo y ponemos nuestras vidas, porque no pueden seguir gestando y pariendo niñas violadas, porque es justicia social”. Y, entre gritos, aplausos y un canto que atravesaba las paredes del Congreso y se escuchaba fuerte de ambos lados, agregó: “Las calles entraron al Congreso, nunca las dejamos”.

Es por ellas, las pibas, las que vienen y las que vendrán. Es por todas. Es salir a la calle, revolotear los pañuelos verdes, cantar y sonreír hasta que sea ley.


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