ABORTO LEGAL: La noche más larga

Las horas antes de la vigilia en el Congreso. La plaza de las pibas y su potencia que no tiene vuelta atrás. El 13 de junio, día de historia. Y las mujeres, juntas y transversales, entonan todas una misma canción.

Por Micaela Kamien
13 de junio, 2018

aborto legal

Foto: Juana Ghersa

Escribo esto mientras la sesión en Diputados sigue en vela. Lo escribo horas antes de conocer el resultado. Porque estuve en la plaza del Congreso, como tantas, y me di cuenta de que el aborto ya está legalizado socialmente.

La sociedad se animó a hablarlo, entró en todas las casas, en  las aulas, en la sobremesa del domingo, explotó en las redes. Ya no es tabú. Todos hablamos del aborto sin bajar el tono de voz.

Y las pibas, las más chicas, se adueñaron de la palabra aborto y la gritan en las plazas. Y le quitaron los velos de la vergüenza. “Mi cuerpo, mi decisión”.  Casi como sin entender bien eso de la pena de cárcel para la que aborta.

Fui a la Plaza del Congreso con mis dos hijos, que están terminando su escuela primaria. Fui con ellos porque no podía no ir con ellos. Porque estaban esperando el día de la sesión en Diputados con más expectativas que sus tíos y sus abuelos. Se pintaron la cara, se pusieron sus pañuelos verdes al cuello, y anduvieron por Callao, por Sarmiento, por Montevideo, con la honda certeza de que estaban haciendo historia.

Eso pasa con la multitud cuando canta una sola canción: sabe que está entonando la historia. Los veía a mis hijos mirar el Congreso, ahí nomás, a metros, a sabiendas de que adentro los diputados sesionaban, los veía saltar y revolear los pañuelos verdes, con la entera convicción de que se sentían parte de un momento histórico.

Hoy, el movimiento de mujeres se hace oír tan fuerte como el Mundial y el FMI. O más, porque se escucha nuevo. Tal vez porque venía apagado y esperaba el momento de abrir grande la boca y gritar.

A esta hora, quedan cinco legisladores “indecisos”. Uno de ellos, encerrado. Otra, invisible. Algunos más, dicen, entre la presión, sus convicciones y la fuerza de la plaza. Acuerdos, extorsiones, presiones varias y amenazas. Y estrategias políticas de más arriba. De eso, generalmente, nos enteramos poco o tarde.

De algo estamos seguros: el aborto no es más tabú. Y la fuerza del movimiento de mujeres, de todas, pero fundamentalmente de las más chicas es genuino. No entiende de presiones políticas ni de aprietes. Eso lo sabemos todos los que caminamos la Plaza del Congreso. Son muchas, somos muchas, y la potencia de las pibas no tiene freno ni vuelta atrás. Por eso, más allá de esta vigilia y de este resultado, la Argentina ya legalizó socialmente el aborto.


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